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31 de marzo de 2017

Fallece el misionero Pedro Molina García

“Burundi en su corazón”: fallece el misionero Pedro Molina García

OMPRESS-GRANADA (31-03-17) El pasado lunes 27 de marzo falleció en Granada, a la edad de 84 años, el misionero Pedro Molina, un Padre Blanco que ha dedicado toda su vida a la misión.
Nacido en Córdoba en 1932 e hijo de padres granadinos, estudió filosofía en el seminario diocesano de Córdoba. Ingresó en los Misioneros de África, Padres Blancos, el 27 de septiembre de 1956, fecha en que comenzó su año de espiritualidad en Argel. En junio de 1960 hizo su juramento misionero y fue ordenado sacerdote en Cartago, Túnez, el 29 de enero de 1961.
En octubre del mismo año llega a Burundi y comienza el aprendizaje de la lengua Kirundi. Trabajó en diferentes parroquias hasta que en 1974 fue enviado a Italia. En 1978 vuelve a Burundi y en 1981 regresa a Córdoba para atender a su madre enferma. En 1992, tras el fallecimiento de esta, vuelve a Burundi, país que tanto amaba y que tuvo que dejar definitivamente en 1996 tras un accidente de coche en el que perdió su brazo izquierdo.
En 1997 se traslada a Canadá donde presta sus servicios hasta 2004, fecha en que regresa definitivamente a España, como residente en la comunidad de Misioneros de África de Benicassim, Castellón.
A finales de noviembre de 2016, necesitando atención médica particular, ingresa en la residencia del Perpetuo Socorro de Santa Fe, en Granada. El pasado sábado, 25 de marzo, sufrió un infarto, falleciendo en el hospital Ruiz de Alda de Granada el lunes día 27.
A propuesta del Delegado de Misiones, Elías Alcalde, su cadáver fue velado en el Hogar Sacerdotal de Granada y el martes 28, se celebró su funeral en la Parroquia de Nuestra Señora de Gracia de Granada, antigua capilla del Seminario Menor. Sus restos mortales descansan en el cementerio de Córdoba junto a los de su madre.
“Pedro era un artista, que se entusiasmaba pintando a Dios en sus cuadros religiosos. Decía, que los iconos había que pintarlos de rodillas. También trasmitía su amor a Dios construyendo ilusionado la iglesia de Murore o dibujando con pasión la iglesia de Giharo que nunca pudo construir, a causa de su dramático accidente. ¡Cuánto lloró la pérdida de su brazo!, que le alejó para siempre de su querido Burundi. El Burundi quedó lejos de sus ojos, pero siempre cerca de su corazón.
¡Pedro, descansa en la Paz del Señor e intercede por nosotros y por el pueblo de Burundi!”, explican sus hermanos de congregación.

16 de noviembre de 2016

Ha llegado una carta: Desde Kinshasa al Valle de los Pedroches


Hola amigos,
¡Ha llegado el momento! Hacía tiempo que lo esperaba. Ese minuto de gracia en el que te sientes empujado a contar cosas. Escribo llevado por el impulso de unos días vividos intensamente en la  Diócesis de Córdoba, (en el Valle de los Pedroches), con motivo de la Campaña del Domund. Qué regalo haber conocido tantas personas y familias que me han acogido en sus casas. ¿Quién acoge a quién en esta casa? Seguro que muchos conocéis la canción de Luis Guitarra que acompaña las imágenes de “Mama Leonor” en los dos vídeos que tenemos de la Comunidad de Vida. Se me amontonan las ideas, las caras, las emociones porque antes de ir a Córdoba a hablar de “Mamá Leonor” y a proyectar los vídeos en Colegios, Institutos, y otros grupos, había ido a Kinshasa a verlos en carne y hueso, a abrazarlos y a dejarme abrazar por ellos. Con la canción en la cabeza y en el corazón. ¿Quién acoge a quién? ¿Quién abraza a quién? Se dice pronto y parece fácil esto de acoger a alguien; casi es una frase hecha. ¡Qué va! Empezando por lo más inmediato, lo que yo he vivido en el Valle de los Pedroches, es un verdadero regalo caído del cielo. Familias que me han abierto sus casas y que me han hecho sentirme en familia; que han querido hacerme compartir su intimidad con sus hijos y con sus nietos. Me han introducido en su trabajo, en sus fiestas  como el 12º cumpleaños de Pablo en el que, con sus padres y los cuatro abuelos, nos reunimos 13 a comer paella y cantar el cumpleaños feliz.  También han querido compartir conmigo sus preocupaciones y enfermedades y han sido tan entrañables que me han contagiado su ilusión y  su entusiasmo. Ellos querían acoger al misionero y soy yo el que me he sentido succionado a lo profundo de su espiritualidad misionera.

¿Y lo que viví en Kinshasa con mi amigo Manu? (¡Gracias a él! Sin él no hubiese hecho nunca este viaje). ¡Inimaginable! Lo nuestro no fue ir a Kinshasa. Lo que hicimos fue volver. ¿Me entendéis? No fui, volví.  Me dejé querer como un niño pequeño sin oponer la mínima  resistencia. La acogida en nuestra familia “Mama Leonor” fue de auténtico delirio; hasta los vecinos del barrio se unieron; me abrazaron personas que seguramente nunca me habían abrazado. Hubo música, lágrimas, recuerdos, sensaciones, olores y sabores familiares  recuperados. Por supuesto la alegría enorme de constatar que aquella comunidad de Vida que comenzó hace ya 17 años sigue dando vida a personas muy concretas que son las que ahora me acogen y me abrazan. Lo mismo puedo decir de las Parroquias donde celebramos los domingos la Misa en un ambiente de fiesta y alegría desbordante. Lo mismo digo de los microbuses que a veces cogí para desplazarme; en ellos me sentía y me sentaba  a gusto en los bancos de madera tan familiares,  a pesar de tener que buscar donde agarrarme porque me había tocado al lado de la puerta, que iba abierta, y podía salir despedido en la primera curva; la mamá que tenía al lado me cedió el sitio y ella ocupó el mío, más expuesto a salir por la tangente. ¡Risas, comentarios y yo en la gloria! aquello era mi vida. Caminando por Matete entre barro y basura mirando bien dónde pisaba porque podía  caer en una alcantarilla (estuve a punto), tropezar con una chatarra de hierro abandonado… y oigo que alguien grita mi nombre:  pèreSantiii! Es casi de noche y tengo que adivinar de dónde viene el grito e ir  hacia la mamá que vende cacahuetes para  abrazarla y dejarme abrazar. Y otra voz al poco rato y otra y otra…père Santi! Nunca me he sentido menos extranjero en Kinshasa. Ellos han querido que me sintiera de allí.
Y allí me quedé. En el Valle de los Pedroches, por todos los pueblos por donde he pasado, en todas las Parroquias, en todos los Institutos, Colegios, Grupos donde he tenido que hablar no he sabido decir otra cosa que la suerte que tengo de saberme querido, abrazado  y acogido por Nedda, Gloire, Alain, mama Titi, Louise, Bibiche, Amos, Racheté, Moïse, Benjamin, tata Felix, tata Mbuta… mama Laurette, Suzanne, Kizita, Mabinda, Jules… les he enseñado sus rostros, sus sonrisas, sus poses, sus muecas, su vida. Diez  días completos hablando desde la mañana hasta la noche de África, del Congo, de Kinshasa y de la Comunidad de vida Mama Leonor.

 Un mundo nuevo no sólo es posible sino que ya lo estamos realizando y haciendo visible. El amor es la mayor fuerza revolucionaria que existe y yo soy testigo de ello. El amor sana, transforma, embellece, da vida, devuelve a la vida. Esa sigue siendo la experiencia de los que vivimos en Mama Leonor. ¿Quién escucha a quién cuando hay silencio? Mama Leonor nos invita al silencio ante el misterio. ¿Quién acoge a quién en esta casa?. ¿Quién empuja a quién si uno no anda? ¿Quién recibe más al darse un beso?

Eso, muchos besos para tod@s
Vuestro amigo Santi               
                                                                                      
P/D ¡¡Esta carta me ha salido un poco loca y desordenada como la vida misma!!.

10 de octubre de 2016

Migas misioneras en Valenzuela

Un año más el pueblo de Valenzuela, el domingo 9 de octubre, organizó sus tradicionales Migas Misioneras para recabar fondos para colaborar con el Domund.

Tras la misa de la parroquia, al mediodía, los vecinos se dieron cita en la plaza de la Iglesia para degustar una amplia variedad de platos y tapas: migas, potaje, croquetas, chorizo, etc. aportados y elaborados en el salón parroquial por los propios feligreses; finalizando la jornada solidaria con chocolate y sopaipas para merendar.



























27 de septiembre de 2016

1 de octubre: abrimos el Octubre Misionero

Como cada año, el día uno de octubre, coincidiendo con la festividad de Santa Teresa de Lisieux, Patrona de las Misiones, abrimos el Octubre Misionero con una celebración Eucarística en el convento de Santa Ana (Carmelitas Descalzas) en la calle Ángel de Saavedra de Córdoba.

Estáis todos invitados a esta especial celebración que tendrá lugar a las 20:00 h. Os esperamos.